La Cancha El Pozo: el proyecto que llevó a Metro21 a México

30 abril 2024

Este 2024, realizamos nuestro primer proyecto en el extranjero. Como organización viajamos a México para trabajar con la comunidad de San Pedro 400, Colonia de Monterrey, para intervenir la Cancha El Pozo.

En tierras aztecas, trabajamos junto a la Fundación Fútbol Más y ejecutamos la metodología que hemos desarrollado en nuestros proyecto De Cancha en Cancha, con la particularidad de que en este caso nos enfocamos en las niñeces.

De esta manera, en la etapa de co-diseño nos relacionamos con un gran número de niños y niñas entre los 6 a 17 años, quienes usan regularmente este espacio.

Estando allá, desarrollamos talleres de graffiti y pintado comunitario. En esta experiencia el arte y el deporte se unieron para convertir la intervención de la cancha en un proceso único que nos permitió generar un vínculo de amistad y compañerismo entre dos naciones.

Esta fue una cancha codiseñada por la artista La Eli Eli con la comunidad que la utiliza. Algunas de las temáticas que surgieron como fundamentales de reflejar luego de los talleres que realizamos fueron: la equidad de género, la importancia del deporte y la unión. Además de esto, se trabajaron elementos territoriales característicos del lugar.

Te invitamos a conocer más de esta experiencia a través de la voz de nuestros Coordinadores Territoriales Paz Benegas y Sergio Contreras.

¿Cómo surgió el proyecto? 

Bueno, con la Fundación Fútbol Más hace tiempo que teníamos ganas de trabajar en conjunto, principalmente porque compartimos valores y visiones similares, ambos nos enfocamos en la transformación social desde los territorios, ellos desde el fútbol y nosotros desde el arte. 

Ya habíamos trabajado en una versión de nuestro proyecto De Cancha en Cancha en Chile y surgió la oportunidad de hacerlo en Monterrey y poder ser un complemento al trabajo que ya estaban realizando en el territorio.  

 

¿De qué se trató el proyecto? 

El proyecto “Transformando la cancha” se realizó en el marco de un proyecto más amplio llamado “Futboleras en Acción” que Fútbol Más en conjunto a Under Armour e Innovasports se encontraba llevando a cabo desde octubre del 2023, con el objetivo de construir espacios físicos y de formación seguros que promuevan la participación de niñas y mujeres jóvenes en el deporte, con un enfoque de liderazgo. 

Con la transformación de la cancha buscamos co-diseñar y revitalizar un espacio con los niños, niñas y jóvenes que la utilizan, facilitando instancias donde pudiesen, valga la redundancia, significar un lugar muy importante para ellos/as y central en su día a día, un espacio que reconocen como un lugar seguro y clave para el encuentro comunitario. Esto, reflexionando sobre acciones para el cuidado y la administración del espacio, plasmando la identidad del grupo, trabajando desde la creatividad y el juego; aportando a la cohesión social y promoviendo espacios para el ejercicio de derechos de niñas, niños y jóvenes.

¿Cómo fue el proceso de acercamiento y vinculación con la comunidad?

Para nosotros, en general, es un proceso que implica mucha escucha, apertura y flexibilidad. Realizamos un diagnóstico previo del contexto con actores del territorio para entender qué es lo que realmente se quiere lograr y cuál es el valor agregado que podemos brindar desde lo que hacemos. En torno a eso adaptamos las metodologías y los procesos. Por eso nos encantan este tipo de proyectos, porque si bien el producto que se ve es una cancha pintada o un mural, el proceso siempre es distinto y nuevo, lleno de desafíos y aprendizajes. Debemos entender los hábitos y formas de relacionarse que tiene la comunidad antes de ejecutar algún proyecto, siempre desde el respeto y la escucha. 

En el caso de México, hicimos este diagnóstico para entender las necesidades y ver por dónde podíamos comenzar a trabajar en conjunto con Fútbol Más, quienes ya llevan años trabajando en el territorio con niños, niñas y jóvenes de la comunidad de San Pedro 400. Ellos nos brindaron información y herramientas para poder adaptar nuestras metodologías a su contexto, respondiendo a sus particularidades e intereses. 

Una vez allá en México, generamos espacios en donde lo más importante antes de continuar con la ejecución del mismo proyecto, era crear confianza y vínculos cercanos entre la comunidad y nuestro equipo.  Hicimos actividades lúdicas de presentación, para contextualizar nuestra llegada y el proyecto y finalmente fuimos parte del día a día, participando de partidos de fútbol o “retas” con ellos, fortaleciendo el vínculo constantemente. 

De igual forma nos presentamos con la comunidad aledaña a la cancha para que los vecinos y vecinas nos conocieran como equipo, el proyecto, las etapas y el tiempo en que estaríamos yendo y viendo a trabajar en el territorio. Fue un proceso muy lindo y estamos muy agradecidos/as por la tremenda recepción y acogida que nos dieron.

 

¿Cuál fue el rol de la comunidad en el proyecto? y ¿Cuál fue el rol de Metro21?

El rol que asume la comunidad en este tipo de proyectos es clave y protagónico. Desde el área de participación de M21 trabajamos desde un enfoque de derechos que reconoce a las comunidades como sujetos activos en la toma de decisiones sobre su territorio, por lo que orientamos nuestro trabajo desde la escucha respetuosa de la comunidad, generando espacios de diálogo para rescatar sus opiniones y propuestas en torno al diseño que finalmente será plasmado en su cancha. En este proceso, somos facilitadores y promotores de este tipo de proyectos e instancias, y aportamos desde nuestro rol de Galería de Arte Urbano y desde los aprendizajes y experiencias de los años que llevamos desarrollando este tipo de proyectos.

En México se hizo un trabajo en donde los/as NNJ de San Pedro 400 pudieron construir, en colaboración con la artista La Eli Eli, el diseño de su espacio, destacando elementos característicos y representativos de la comunidad para luego participar activamente de jornadas de pintado guiadas por el equipo de Metro21, contribuyendo directamente a la transformación del espacio y fortaleciendo el sentido de pertenencia en torno al proceso de este proyecto. Además, se realizó una programación de talleres sugeridos por los mismos niños y niñas según sus intereses e inquietudes respecto al arte urbano, y se evaluó el proyecto en sus diversas etapas con ellos y ellas.

Finalmente la idea es que la comunidad, además de participar en las distintas etapas de la intervención, sienta que el proyecto les pertenece y se reconozca a sí misma como protagonista en el mejoramiento de su entorno. Acá el proceso resulta igual o más importante que el producto final. 

¿Cuál es la importancia que ven a que niñxs participen en la transformación de su espacio?

Para nosotros es fundamental construir espacios con las niñeces y no solo para ellas. Muchas veces escuchamos que se quieren construir lugares más amables para niños y niñas, pero sin considerar sus propuestas y visiones. Nos parece relevante que se generen instancias donde se invite a niños y niñas y se les brinde la posibilidad de transformar e incidir en el espacio público y en las discusiones que sobre él se generan, ya que son sujetos de derechos y su visión es muy relevante si queremos construir ciudades más justas y democráticas. 

En esta línea y desde nuestro qué hacer, vemos también el arte urbano y este tipo de proyectos como una herramienta para promover el ejercicio de ciudadanía y de derechos de las niñeces. El arte urbano permite significar espacios, plasmar identidades y dotar de nuevos sentidos a la ciudad. En nuestro rol continuamente estamos revisando, evaluando y reflexionando sobre los procesos que llevamos a cabo y ajustando las metodologías utilizadas para que respondan a esto. 

                                                         

La participación de las niñeces en el espacio público es un tema que en los últimos años ha ido en auge, pero en el que aún estamos al debe como sociedad. Por suerte, vemos como cada vez son más las personas, actores e instituciones que se unen a esa discusión y que aportan a ello desde diversas disciplinas y herramientas.

¿Cuáles fueron los desafíos que tuvo este proyecto?

Fue un proyecto muy desafiante. El hecho de ir a pintar a otro país inmediatamente nos obligó a modificar nuestros métodos y ajustar nuestra planificación al contexto. Desde encontrar proveedores y materiales que se adecuarán a los estándares con los que pintamos en Chile, a tener que adaptarnos a una cultura distinta.

Respecto a nuestra área, el primer desafío que se nos presentó tuvo que ver con la vinculación con la comunidad de NNJ de San Pedro 400. Al encontrarnos en Chile y para corresponder con los tiempos de ejecución, los primeros vínculos e interacciones se llevaron a cabo de forma digital, presentándonos por videos y realizando primeros acercamientos a través de los profesores de Fútbol Más hasta nuestra llegada a México.

Una vez allá, el desafío principal fue la adaptación al contexto, la cultura y las dinámicas propias del país y el territorio en específico. Cada lugar tiene sus particularidades y, viniendo de afuera, nos tocó aprender de cada detalle para poder trabajar sin generar malos entendidos. Por ejemplo, y aunque no pareciera tan relevante, tuvimos que neutralizar el uso excesivo de modismos chilenos para poder ser entendidos, las cosas dejaron de ser “bacanes” y pasaron a ser “chidas” jaja. Aprendimos que palabras utilizar y que otras mejor ni mencionar ya que allá tienen otro significado. Conocimos los platos típicos mexicanos, gracias a Brenda, vecina y amiga que se encargó de alimentarnos durante toda nuestra estadía en Monterrey, mostrándonos los mejores platos, y que hoy extrañamos. De la misma forma conocimos, sin querer hacerlo, lo que es “enchilarse” con el picante que se encontraba en casi toda la gastronomía mexicana.

Sin duda fue una experiencia llena de nuevas sensaciones, que si bien se presentaron como un desafío hoy son lindas anécdotas.

Realizaron una evaluación con la comunidad ¿Qué fue lo que surgió?

Realizamos evaluaciones con la comunidad de los diversos momentos del proyecto: el proceso de co-diseño y las metodologías propuestas, la ejecución y los talleres realizados en paralelo al pintado de la cancha y el producto final.

Mucho de lo que surgió ponía en valor el proceso más que el resultado final de la cancha. A modo de resumen, se destacaron las herramientas artísticas aprendidas, el vínculo entre el equipo y la comunidad -con un aprendizaje mutuo- y se relevó el arte en su rol comunicativo y expresivo, como un medio para plasmar ideas, emociones y reflexiones de forma lúdica y atractiva.

Se significó el proceso de co-creación del diseño como una representación identitaria y colectiva del territorio y comunidad, fortaleciendo la cohesión social y la autodefinición.

 

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