Grin

Grin

Algunos abren puertas y otros horizontes, pero Grin supo abrir las calles para que miles de colores y formas se apropiaran de la urbe. Dejando su tag en todo el país, es uno de los graffiteros más influyentes de Chile, que con una visión orgánica de la ciudad, ha sido capaz de mezclar pintura y arquitectura en sus creaciones.

En el suelo latas de pintura. En la terraza una maqueta de alambres. En la muralla, colgado, un cuadro que muestra a un ser perdido en medio de un salar. Libros de Dalí, Gaudí y arte universal. Suena reggae de fondo y Grin con una extendida calma toma un sorbo de jugo de un vaso de cerámica. “No me gustaría profundizar en eso”, responde cuando se le pregunta sobre la dicotomía entre arte callejero y la autoridad que reprime esta forma de expresión. Hoy para él lo importante es el contenido y sobre todo la experiencia de habitar la ciudad por medio del graffiti o la construcción.

Aunque el verdadero nombre de Grin no suene familiar, muchos podrían distinguir su firma o tag a la perfección. Durante la década del 90, este graffitero y arquitecto se hizo parte del escuadrón DVE (Deskiziada Vida Eskritora), que fue el más distinguido grupo de pintores con aerosol de Santiago, y en el que, entre otros, también militaba Cekis. Este clan fue el que le dio definitivamente un vuelo más artístico a esta técnica en Chile y que permitió que los transeúntes ya no vieran este arte callejero como simples rayas o letras ilegibles en la pared de una casa o en el paradero de la micro. Pinturas realistas realizadas con spray, como el “Einstein” o el “Dalí” en la comuna de La Reina, o la mujer bañándose en las paredes del río Mapocho, lograron que los habitantes de Santiago se cautivaran cada vez más con esta nueva expresión artística que afloraba más allá de los límites del museo o la galería.

Proyectos: HDA