Entrevista a Zarvo

Por Isidora León


Desde el siglo XIX, el norte de Chile ha sido un país que se ha desarrollado a partir de la extracción de recursos naturales. Bien es sabido que la explotación tanto del salitre como del cobre, ha sido históricamente, el sustento económico del país. Es evidente que los beneficios de la expansión económica, no tuvieron los mismos resultados para todos los grupos sociales; desde mediados del siglo XIX, los dueños de los yacimientos se han enriquecido a costa de obreros y campesinos, quienes han sufrido históricamente, abusos y represiones inmesurables.

Podemos trazar ciertas metáforas relacionadas al desierto, el cual ha sido consolidado como una frontera, un lugar no-delimitado, sin estrategias de conservación. El desierto, se enraizó en nuestro imaginario nacional en cuanto que vacío, lugar carente de sentido, recurso disponible para su explotación y frontera requerida por el Estado para acceder a esa modernidad tan anhelada.

En Chile, se protegen bosques, ríos, mares y parques, pero el desierto, es muchas veces convertido en basural y zona de residuos tóxicos. Es ese mismo abandono el que permitió la privatización y comercialización de sus recursos naturales y por consiguiente la explotación y vulnerabilización de las ecologías locales a partir de prácticas extractivistas intensivas.

En esta entrevista conversamos con zarvo, artista iquiqueño, quien se mueve en el mundo del arte urbano, del graffiti, la performance y la educación. Su principal tópico es visibilizar las problemáticas presentes en el norte grande de nuestro país, y denunciar los abusos extractivistas que allí residen.



¿Hay ciertos aspectos particulares en tu obra que están específicamente relacionadas con el lugar que habitas? ¿Cómo se plasma Iquique en tu obra?

Lo que se evidencia en mi trabajo es la mirada sobre un paisaje, sobre un lugar específico -el norte de Chile-, y relata las cuestiones que allí suceden. Mi trabajo toma esta espacialidad inmensa; el desierto de atacama y el océano pacífico, y genera relaciones de escala con pequeños gestos de la humanidad. Se contrapone esa inmensidad inabarcable con diminutos personajes u objetos que se sitúan dentro de estos paisajes.

La idea de regional, la extrapolo a una realidad global. Este versus entre el humano que quiere dominar el desierto, el mar y el tiempo, es una epopeya distópica que se repite en todos lados. De algún modo evidencio un espacio local o paisaje que habla del lugar que habito -Iquique-, y lo relaciono con lo global. Yo lo llamaría “glocal”. Temáticas como el extractivismo, el progreso, el dominio la naturaleza y los recursos han ido marcando lo que hago.

En mi trayectoria, he desarrollado distintos proyectos que rayan en la ironía y contradicción que se vive en las ciudades del norte. Trabajo, por ejemplo, sobre el eslogan “Iquique, tierra de campeones”, y pongo en tela de juicio cómo la idea de progreso y el desarrollo industrial, fomentan la supremacía del hombre con el privilegio de la extracción.

El escenario es contradictorio; en el norte hay fuentes gigantes de minerales y empresas internacionales que las están extrayendo por toneladas. Bien sabemos que esto no llega ni a los barrios, ni a las poblaciones, ni a las canchas de fútbol, ni a las escuelas. Mi obra cuestiona cómo estas grandes fuentes de riqueza del norte, no se reflejan en el vivir local de las comunidades nortinas.

Esas contrafuerzas que tienen que ver con ciertas paradojas; el poder y las comunidades, lo pequeño y lo gigante, el control de los poderosos a distancia, son cosas que se profundizan en la zona nortina; este espacio supuestamente vacío, desértico, que puede ser extraído o utilizado como se quiera, donde todo es posible, aparece y se resignifica constantemente en mi obra.

Me interesa volver la mirada a lo popular, al mundo obrero, a las multitudes, a las celebraciones y la diversión, que es parte de la cotidianeidad de donde habito. Yo cuestiono esta concepción tergirversada de que Iquique es el Miami chileno, haciendo cruces; por un lado la costa, la palmera, la costanera, el mar y por el otro la idea de la ilusión y máscara iquiqueña. Así, dejo entrever una seuda diversión oscura con toques de sátira y humor. La fantasía que promete el neoliberalismo, es una espejismo que fomenta el consumo, el triunfo y el dinero, en un lugar donde hay una pobreza que anhela esa ilusión de felicidad.



¿Han habido dificultades como artista al estar lejos de la RM?

Siempre he trabajado un poco por fuera del centro, en la periferia, tratando de levantar otros centros como Tarapacá, Iquique, Bolivia, Perú, el norte argentino, etc. En estos lugares he encontrado nuevas oportunidades y riquezas vinculadas a la creatividad de temáticas locales e investigaciones visuales… más que barreras son oportunidades.

He encontrado mis propias formas de hacer… Me he movido bastante, he estado en Valparaíso, Viña, en Argentina, y de alguna manera me he saltado Santiago y mi trabajo ha logrado visibilidad igual.



¿Cuáles han sido tus principales referentes artísticos?

En cuanto a los referentes artísticos, tengo miles, jeroglíficos, petroglifos, cerámicas precolombinas, y distintas manifestaciones de arte original, arte de otro tiempo, son siempre manifestaciones que estoy mirando, aprendiendo de ahí. También me han influenciado artistas como Basquiat, la publicidad, las pinturas de Brüegel, el Bosco y también un montón de imágenes que tienen que ver con estos carteles comerciales hechos por las mismas familias dueñas de locales, me interesan las expresiones poco virtuosas, los pintores outsiders, la pintura callejera, los graffiti, el diseño... hay tantas influencias que estoy mirando y que tomo como referencia.

Mis referentes más vinculados al muralismo son “Os gemeos”, y en Chile, bascovazko, y las materialidades que ellos usan: la calle, el espacio público, las paredes mismas, las texturas, los rayados, los borrones, el paisaje, todas esas cosas que van ingresando a mi cabeza y a esta investigación constante.

Me gustan los murales que reflejan fuertemente una identidad, una imagen bien particular. Obras que crean mundos desde la ficción, pequeños submundos que potencian mi imaginación y narración. Pinturas de los aztecas, mayas, diaguitas, esas imágenes siempre han estado pregnadas en mi trabajo, constantemente aparecen.


Mi fijación tiene que ver con esta forma de hacer imágenes que de algún modo reniegan de la academia, o le hacen el quite artístico, llámese virtuosismo o un sobreuso de la técnica, mímesis de la realidad, en fin, me gusta que se desafíe esa norma; que no sea realista, que sea contrario al mundo, donde se plantee otro plano en el que ocurran las cosas.


¿Cómo y por qué empezaste a pintar en la calle? ¿De dónde surgió “ZARVO”?

Empecé a pintar en la calle como a los 11 años, con la necesidad de hacerme parte de la ola rap hip-hopera, me inicié pintando graffiti. Ese fue mi primer acercamiento a la calle, y me hice parte de un grupo con el que hacíamos hip-hop y tags, rayábamos todo el día los cuadernos, inventábamos cosas. De ahí se origina el nombre Zarvo, por esa búsqueda de una identidad, creé la palabra zarvo a partir de letras que me gustaban, en cuanto a su forma y sonoridad. No tiene un significado, sino que simplemente jugué con las palabras, me gustaba su sonoridad. Hoy, cuando han pasado los años, “ZARVO” es como un ecosistema; mis personajes son como pequeños zarvos; este mundo que he ido construyendo en el tiempo, a partir de pequeños gestos, lo puedo entender y relacionar con la palabra.

Partí pintando por esta cuestión rapera, de la música a la pared, y con el tiempo esto empezó a agarrar más fuerza. Dejé de hacer letras y rayar porque comencé a hacer personajes, crear lugares, crear espacios a través de la pintura. Mi trabajo en la calle fue mutando desde esta cuestión de la búsqueda de pintar o marcar mi identidad hacia la problematización de lo que hacía. Qué es lo que hago, por qué lo hago,,, son parte de las cuestiones que mueven mi trabajo y así he ido avanzando.


¿Qué experiencias han marcado tu trayectoria en la pintura urbana? ¿Cuáles han sido las dificultades que has tenido como artista?

Más allá de una experiencia concreta sobre un mural o la participación en alguna actividad o festival en el campo del arte urbano, lo que más ha marcado mi camino es el intercambio; intercambios de saberes o de conocimientos de distintas culturas, compartir experiencias del norte de Chile y nutrirme de las de otros, intercambiar diversos saberes locales… esas experiencias de mezclas culturales son las cosas que van guiando mi trayectoria. También, los intercambios de participar o conocer ciertos rituales, festividades, celebraciones paganas, andinas, costeras, populares, que tienen que ver con el festejo de determinados hitos en el año, donde la gente se reúne y se articula en torno a la fiesta y al disfrute.

Podría mencionar además, la participación en actividades de mural, pero yo creo que no logran superar la huella que dejan estas otras experiencias relacionadas a la vida misma, en donde finalmente nos vemos impactados por las cosas que vamos conociendo o aprendiendo. Conocer a otres artistes del mundo que también te van mostrando ciertas líneas de trabajo o ciertas formas de hacer, o como se manejan en determinados ámbitos, me ayudan a reafirmar el sentido de pintar en la calle, nutrirse de esta otras formas de vivir el mundo.

Dedicarse al arte en Iquique representa una gran dificultad; acá predomina la cultura minera, el trabajo en faenas, las grandes industrias, y hacer arte, de algún modo es romper la norma, no hacer lo que todos hacen. Entonces, ¿Cómo dedicarse y vivir del arte? Frente a esa necesidad, yo mismo me he tenido que ir armando mi camino y estrategias posibles. No solo es la obra de arte, sino también la educación, generar espacios de mediación, de diseño, de editorialidad, y abriendo diferentes líneas de trabajo para tratar de resistir desde el arte. Al no haber escuelas de arte en el norte, ni haber instituciones que se vinculan con la cultura, también es un tema, es una limitación, pero también es una oportunidad, ya que te permites autoformarte desde diversas fuentes. Lo que te decía antes, que ingrese toda esta influencia de las festividades andinas, religiosas, la danza, la alimentación, la comida como un gesto estético y político, de algún modo te vas formando y nutriendo de diversas fuentes y formas.












¿Cuáles son tus sueños y aspiraciones artísticas?

Me interesa seguir haciendo lo que me gusta y pasarlo bien, compartiendo con más personas, conociendo más gente, generando una comunidad, ampliando la comunidad que se dedica a esto en sus múltiples disciplinas: el arte callejero, los murales, el graffiti, las artes visuales, pintoras, pintores.. seguir en esta lógica de los intercambios, estas son mis aspiraciones.

Ya estrictamente en lo disciplinar, seguir ampliando el universo que he ido armando, poder profundizarlo más y ampliar este campo creativo. Mi desafío es seguir teniendo inquietudes creativas, interés activo, ganas de hacer. Mantenerme en esto el mayor tiempo que pueda y seguir trabajando y generando proyectos que hagan sentido. Ojalá seguir produciendo trabajos que comuniquen y que se relacionen con la gente. Creo que eso es lo más poderoso de la pintura callejera; que está en contacto directo con la gente.


Contexto histórico

La extracción del salitre parte a mediados del siglo XIX cuando se descubre que este es muy bueno para la agricultura, por lo que comenzó a ser explotado. Pero el grueso de las minas salitreras en ese entonces, se encontraban en territorio disputado entre Chile y Bolivia, lo que finalmente propició la guerra del pacífico. Cuando Chile gana y se queda con todos estos yacimientos salitreros, el escenario cambió radicalmente en el país. Estos trajeron MUCHÍSIMA riqueza a “Chile”. Sin embargo, en el siglo XIX, esa riqueza estaba concentrada en un círculo de grandes empresarios europeos, sobre todo ingleses. Fue el presidente Domingo Santa María quien, tras la guerra del pacífico, permitió que los yacimientos de salitre fueran administrados primordialmente por ingleses. Más menos el 70% de las salitreras eran administradas por ingleses con la excusa en Chile no había capacidad ni tecnologías necesarias para su explotación. De hecho, fue el inglés Jhon Thomas North quien logra que el mundo observara con sorpresa la aparición de la "fiebre del salitre", más que nada gracias la hegemonía inglesa en el mercado chileno del salitre. El resto de los yacimientos cayeron en manos de una aristocracia dominante, por lo que la supuesta riqueza -esa misma que hizo de Chile uno de los países más desarrollados del siglo XIX- quedó en manos de unos pocos aristócratas, lo que terminó por gatillar la llamada cuestión social. Teníamos sectores muy ricos y muy pequeños, la rancia aristocracia estaba fuertemente vinculada con los ingleses, y una masa grande que era muy pobre, los llamados pampinos o los calicheros, trabajaban en las minas en condiciones más que deplorables. Los pampinos migraron desde la zona sur y central para ir a instalarse a las salitreras del norte, pero vivían condiciones tan miserables, que comenzaron a desencadenarse una serie de protestas sociales. Una de las más memorables fue la del 21 de diciembre de 1907 frente a la escuela de Santa María de Iquique, en la cual el ejército abrió fuego. No hay datos certeros sobre cuántos huelguistas fueron masacrados en la matanza de Santamaría, pero lo que sí es certero, es la herida que esto causó en el norte de nuestro país.



Bio artista

Camilo Ortega Prieto (1985, Iquique)

Desde el norte de chile se inició en el arte vinculándose con el graffiti y el hip-hop. Su especialización artística fue años más tarde cuando estudió y trabajó sobre los procesos del grabado tradicional, para luego, trasladarse hacia La Plata, donde se especializó en gráfica contemporánea.


Las diversas experimentaciones llevadas a cabo por el artista, construyen nuevos procesos

creativos que incorporan diferentes áreas de trabajo; la performance, la investigación y la intervención del espacio público.


Zarvo, como se autodenomina, es parte de la generación de artistas latinoamericanos

sensibilizados por una reflexión sobre la identidad cultural, que busca levantar discursos políticos a partir de la creación de mundos simbólicos a través una iconografía propia.

Bibliografía

Navarrete, F (2020). Nieblas, fronteras, trayectos y palimpsestos. Bitácora sobre un proceso de investigación artística desde el Oasis de Niebla de Alto Patache

Grosfoguel, R (2016). Del extractivismo económico al extractivismo epistémico y extractivismo ontológico: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo.