Violeta Delfín: Mujeres escribiendo la calle

Por Nati Stipo



Violeta Cereceda, Diseñadora gráfica de formación, es lo que para muches de nosotres representa la noción de una artista. Sin encasillarse en ninguna corriente y sin determinarse bajo un título o categoría, Violeta afirma ser una fiel seguidora de su impulso más genuino, que ejerce desde lo privado a lo público, desde lo individual a lo colectivo; la expresión creativa.


¿Qué opinas sobre el estado actual del arte urbano en nuestro territorio?


Encuentro que hay mucho talento, mucha variedad en las propuestas también; distintos caminos que se pueden seguir si te gusta el arte en la muralla, lo cual es muy inspirador. Creo que el arte en Chile está abordando muchísimas aristas, ya sea desde el graffiti con una carga estética o discurso más político o cercano al imaginario de resistencia, hasta el graffiti más “clásico” asociado a la firma o la marca del “ego” que tiene mucho que ver con el hip-hop también, lo que corresponde probablemente a la cultura de más años en cuanto a graffiti en Chile.


También veo que va apareciendo con mayor frecuencia un estilo más “ignorante”, que creo que tiene que ver con que la gente se va atreviendo cada vez más a pintar solo por el hecho de que le gusta dibujar, y pintar en la calle pasa a ser un formato más. Creo que yo cabría más dentro de esa corriente; me gusta expresar mi trabajo a través de todos los formatos posibles, y el graffiti es uno más.



Desde el estallido social también ha sido posible ver un cambio importante. Lo veo sobre todo en las mujeres, las cabras están pintando independiente de si te sientes o te ubican dentro de la categoría “graffitera” o tener una crew, vá más bien por el lado del tener algo que decir, vivir individual y colectivamente la experiencia de pintar, lo ilegal, etc. Desde la revuelta, gente de todas las edades y estilos comenzó a rayar, creo que en un ejercicio por sentirse parte y dueñas de la calle.


¿Qué significa para ti el arte urbano a nivel personal y a nivel social?


A mi me pasó personalmente con el graffiti, que comencé a raíz de un pololo mayor que tuve que era graffitero y pertenecía a esta escuela más “estricta” del graffiti. Ahí existían un montón de tecnicismos, que de todas formas encuentro super admirables y que aprecio mucho haber aprendido, pero me di cuenta de que no era lo mío, yo no necesariamente quería poner mi nombre bajo las reglas del outline o de los brillos, entre otras cosas que debía tener un “buen” graffiti. Si bien me inscribí a eso un tiempo, me aleje hacía las cosas que más me interesaban. Además, también sucedía mucho eso de ser percibida como “la polola” del graffitero, un extra que pinta monitos al lado, sin identidad propia, sin que nadie valorara realmente mi propuesta, ni siquiera yo misma.



Después, con el tiempo, me surgieron las ganas de seguir pintando y experimentando sola; expresar mis ideas en todos los formatos posibles, ya sea plásticos, como audiovisuales, e incluso musicales, y el graffiti era una de estas formas. A mi siempre me llamó la atención lo callejero, los márgenes de la legalidad y la sensación de estar expresando en la calle, donde las papas queman.


En un principio era super tímida, pero con el tiempo fue surgiendo algo difícil de explicar, que viene desde adentro y es super personal. Recuerdo andar en bici pendiente de los muros, viendo donde iba a pintar, y como andaba siempre con las latas en la mochila, paraba y rayaba cualquier cosa, luego seguía mi camino, y así.


Al principio pintaba hartos monos, pero eventualmente, con el tiempo, me surgió el impulso de escribir una palabra, pero no quería que fuera mi nombre. Fue ahí donde nació Delfín. No recuerdo muy bien la razón exacta, pero tiene que ver con que soy piscis y me siento cercana a los motivos del agua. De todas formas ese nacimiento fue muy libre, desde la intuición y la experimentación, sin someter ese impulso a ningún reglamento preestablecido. Así con el tiempo me he ido sintiendo cada vez más segura y dueña de mi trabajo.


En cuanto a lo social creo que va muy por el camino que comentaba sobre decir, escribir o pintar algo que pueda resonar en la gente. De todas formas creo que mi visión social es también muy personal, tampoco podría generalizar tanto, pero está ese camino que transita por el querer decir algo, y también el camino de expresar lo que uno siente de manera libre, por vivir la experiencia misma de pintar. En definitiva creo que lo social en el arte urbano tiene que ver mucho con la expresión; la gente dice lo que siente de diversas formas. Lo que una pinta, genera diálogos constantes y muy diversos con las personas en la calle; la gente se relaciona con lo que está en la muralla.




¿Con qué dificultades te has encontrado como artista mujer?


En verdad me he sentido un poco insegura cuando he pintado sola. En cuanto a sentir miedo, solo me ha sucedido al estar sola pintando en la calle, porque la gente siempre te grita cosas, ya sea apoyando o saludando, hasta cosas mucho más violentas o intimidantes. Pintando sola eso pasa mucho más y una se siente más expuesta, más vulnerable.

Por otro lado, como te decía antes, yo siempre he pintado o dibujado, siempre he tenido una relación estrecha con expresarme artísticamente, y cuando pololié con este graffitero, de verdad yo no era nadie más que su polola; mi trabajo no era lo suficientemente válido porque no se adecuaba a sus códigos, hasta hoy, muy masculinizados.


Pasa mucho eso de catalogar a las mujeres dentro de otras categorías no “autorales” en el mundo del graffiti. Aún así las cabras están pintando cada vez más y además nos hemos organizado entre nosotras.



He visto también mucha suspicacia o comentarios insidiosos por parte de hombres graffiteros hacia el trabajo de mujeres, como si estuvieran buscando constantemente razones para desacreditar lo que hacen.


En definitiva el mundo del graffiti no está libre de misoginia, lejos de eso, aún se rige por códigos muy masculinizados. Incluso solo por ser mujer, es mucho más fácil que tapen tus cosas en la calle; entre hombres hay normas implícitas de camaradería o respeto que no aplican a las mujeres. Sin embargo, también creo que ha ido cambiando, sobre todo el último tiempo. Esta iniciativa de organización que nos une a las mujeres de distintas edades, estilos, etc, ha traído más confianza y presencia de nuestra parte en la escena.


¿Cuales son tus proyecciones actualmente?


En cuanto al graffiti, pasa que el último tiempo no he estado pintando tanto, porque resulta ser una pasión muy cara, estás todo el tiempo gastando plata para hacer cosas que van desapareciendo, por lo que me veo en muchos momentos en los que no es mi prioridad comprarme latas.


Una proyección importante es la próxima exposición con ustedes, Metro21, que representa un gran desafío para mi. De alguna forma quiero demostrarme que soy capaz de pintar algo grande, y creo que eso es algo que va a pasar este año.


Por otro lado, me gustaría aprender a pintar más. Si bien mi formación en diseño hizo que afinara el ojo en algunas cosas, igual me gustaría aprender de técnicas y métodos más relacionados a la academia; permitirme ampliar mis conocimientos sobre luz, sombra, teoría del color, etc. Así que entraré a clases de pintura para tener un poco más de dominio a la hora de hacer lo que me proponga.