Monumentos, espacio público y sociedad: Plaza Dignidad y el Monumento Baquedano

Por Macarena Escudero Salah


Vía Instagram: @maxiandrade


La Plaza Baquedano, más conocida como Plaza Italia y actualmente rebautizada como Plaza Dignidad, es un lugar que se ha construido socialmente y a lo largo de los años como un punto de suma relevancia para la sociedad chilena. Esto se debe por su ubicación en un punto estratégico de Santiago, siendo un punto divisorio y una frontera real entre Santiago Oriente y Santiago Poniente, sectores que se diferencian por ser altamente desiguales, donde uno posee las comunas con mayores ingresos y, el otro, las con menores; lo cual se representa con el dicho de “Plaza Italia pa’ abajo” o “Plaza Italia pa’ arriba”. Así también, este espacio público históricamente ha sido un punto de encuentro o de celebración, y es el centro neurálgico para marchas y manifestaciones, como las actuales que se enmarcan en el proceso social que nos encontramos: de la lucha por la Dignidad.






“Fotografía de Paulo Slachevsky tomada en 1988, en ella se observa a un grupo de jóvenes sobre la estatua del General Baquedano ubicada en Plaza Baquedano -en el centro de Santiago, uno de ellos sostiene una bandera cuyo mensaje alude al resultado del Plebiscito y el fin de la dictadura de Augusto Pinochet. Posterior al Estallido Social de 18 de Octubre del 2019, este icónico lugar del centro de la capital ha sido rebautizado simbólicamente como Plaza Dignidad, nombre que ha recibido por parte de las cientos de miles de personas que en ella se han reunido para manifestar sus demandas sociales y exigir una vida más justa y digna para Chile”

Vía Instagram: @museodelamemoria


Para los/as chilenos/as ya no resulta ajeno escuchar que la desigualdad económica y social permea diversas áreas de nuestra sociedad, existiendo también una alta segregación espacial, residencial y demográfica que se acrecienta día a día. Tampoco es novedad reflexionar sobre el cuestionamiento sistémico que ha desembocado en el Estallido Social o 18-O. Esta sociedad que cuestiona todo se enmarca en el proceso crítico de la posmodernidad, lugar donde se re-piensan los discursos totalizantes, los discursos hegemónicos, colonizadores, patriarcales y la tradicional cultura occidental que ha sido impuesta por un grupo minoritario relacionado directamente a las élite económicas, políticas y cívico-militares.


Este cuestionamiento, también tiene sus bases en la alta desconexión que existe en nuestro país entre política y sociedad donde, por un lado, la clase política está desconectada fuertemente de las realidades sociales de la mayoría y por el otro, la sociedad, con justas razones, desconfía del sistema operante. Nos encontramos en esta era de la deslegitimación del sistema político, de las instituciones, de los partidos políticos, de los líderes y de la religión: y por lo tanto, también en la era del “derrumbe de los ídolos” (Lyotard, 1989).


El caso de Plaza Dignidad y del Monumento Baquedano permite evidenciar y reflexionar sobre estas cuestiones, pues estos símbolos y héroes mitificados pueden ser comprendidos como la representación de la imposición de un paradigma y orden social activo en Chile e impuesto desde una minoría, que comprende únicamente una pequeña parte de la historia. El Monumento Baquedano, más conocido como “El Caballo”, la típica escultura ubicada en el centro de Plaza Dignidad, ha adquirido un protagonismo importante en el último tiempo, puesto que los/as manifestantes lo utilizan tanto físicamente –para subirse al caballo– como visualmente –ya sea para realizar intervenciones artísticas, rayados o como forma directa de protesta y apropiación del espacio–, pero principalmente ha adquirido este protagonismo por la constante preocupación de protección por parte de las autoridades, donde muchos sectores, específicamente desde el gobierno, han mostrado una preocupación exorbitante y desproporcionada por esta escultura, protegiéndola con Carabineros, (re)pintándola en diversas ocasiones, retirándola para la corrección de “daños”, y actualmente con el desatinado cierre perimetral en la base del monumento, que ha generado una fuerte repercusión en el mundo público y en Redes Sociales.






“Hoy 10/03/2021 el Consejo de Monumentos Nacionales decide retirar la escultura del General Baquedano. El mismo día de la marcha de los niños y niñas que han muerto durante este año

Vía Instagram: @somosaldea



¿Qué representa este monumento y por qué se protege tanto?


Desde una mirada teórica o crítica, puede comprenderse a la figura de Baquedano como la representación de algo, y no solo como un monumento que está ahí en medio de un lugar. Esta se interpreta como lo militar, lo masculino y una historia de un país que siempre ha sido contada desde lo hegemónico o desde una cara dominante de la moneda; lo escrito en los libros de clases. Toda la sobre-preocupación por este monumento, los recursos invertidos, el exagerado despliegue de Carabineros y el cierre perimetral muestran esta desconección de la burbuja política en cuanto a las legítimas demandas ciudadanas y de los problemas o preocupaciones sociales urgentes. Esto también da cuenta de cómo la élite –económica, política y/o militar– es la única que ha tenido lugar en las decisiones y representaciones sobre el espacio público.


Como menciona Levi Strauss, los símbolos no son estáticos, sino que cambian en función de las interacciones sociales y de las transformaciones. Quizás hace 93 años –año en que fue puesto el monumento– lo militar era representativo, pero los símbolos y una sociedad deben avanzar de la mano, sobretodo una sociedad como la nuestra que fue fracturada y fragmentada por un Golpe de Estado y posterior dictadura cívico-militar.


¿De qué sirve tener este tipo de monumentos en nuestro espacio público? ¿Quienes sí se sienten representados/as por estos?


Esto sucede sobretodo en un lugar tan importante -como lo es Plaza Dignidad- en la lucha actual. Lugar emblemático de este Chile despierto que le hace frente a las problemáticas estructurales y paradigmas hegemónicos que aquejan nuestra sociedad. Resulta interesante pensar en una nueva era de monumentos que nos representen de manera real, es momento dejar de lado a esos héroes mitificados por sus logros militares -que la mayoría de la población desconoce-, a esas figuras que representan a la colonia, la represión, a lo masculino.


La sociedad es la que le da vida al territorio, es la que los construye y las nutre de sentido, pero ha sido dejada de lado en el momento de decidir sobre lo que quiere en su propio espacio. A lo largo de todo el territorio se ha escuchado el clamor de cambio; no somos lo mismo que hace 93 años. Hoy enfrentamos algo que, para bien o para mal, representa un punto de inflexión determinante. Algo que parece claro, es que la exclusividad que ha gozado esa pequeña élite que toma las decisiones a puertas cerradas, y que ha decidido homenajear a los opresores, a las guerras, las muertes y otros valores que ya no nos representan –y que quizás nunca nos representaron– se ha vuelto insostenible.




Tras la retirada del monumento el pasado 10 de Marzo y todo el Show mediático por parte del gobierno, telecomunicaciones, despliegue de Carabineros y el cierre perimetral, algunos/as planean crear un proceso consultivo y participativo para que la sociedad decida sobre un nuevo monumento para el lugar. Respecto a esto, las Redes Sociales no se han quedado atrás, donde se han exhibido diversas propuestas, como la de que Gabriela Mistral debe ser quien esté ahí.





Vía Instagram: @fabciraolo



Si bien suena a un proceso que se adapta a nuestros tiempos, la reflexión puede ser más profunda aún. Donde quizás no es necesaria esta nueva era de monumentos, sino que esta misma se construya por la ausencia de estos. Dejar Plaza Dignidad vacía, como menciona Maxi Andrade -ilustración del comienzo- representa el abandono estatal, el cual se evidencia en las demandas ciudadanas que son manifestadas en ese mismo lugar.


Vía Instagram @rositabeas.cl

El tema se ha convertido en una ventana de oportunidad que ha generado una amplia discusión sobre los monumentos, el espacio público, el actuar de nuestras autoridades y la relación que tiene -tenemos- la sociedad con su espacio y símbolos que co-habita. Sin lugar a dudas, nuestro paradigma actual -permeado por acelerados cambios sociales, por una sociedad descontenta, manifestada y crítica con sus autoridades- necesita nuevos procesos de renovación y regeneración del espacio público, lo cual debe ir en conjunto de nuevas propuestas, de políticas públicas sólidas que permitan lógicas que apunten hacia un planeamiento urbano donde se incluyan diversos actores de la sociedad en las decisiones, tanto a expertos como a la comunidad, y a diseños y procesos participativos. Por lo tanto, es momento de apropiarnos de nuestros espacios en el imaginario colectivo y en lo práctico, reconfigurar los símbolos existentes en el territorio y dotarlos de sentido, de buscar otros códigos que nos representan desde la horizontalidad, desde la comunidad, re-pensar el territorio que habitamos, nuestras plazas, los nombres de nuestras calles y por supuesto ¿nuestros? monumentos; pero, lo más importante, cuestionar sobre qué es lo que queremos que se represente en nuestros espacios públicos, pues nosotros mismos somos quienes les damos vida.



“La vida y la naturaleza es más importante que cualquier MONUMENTO. Centremos la discusión en lo más importante (...) Más justicia ambiental, menos monumentos)

Vía Instagram: @monumentosincomodos


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